sábado, 4 de junio de 2016

Por favor, menos e-marketing, big data & trends y más imaginación y trabajo. Gracias.

Feria del Libro de Helsinki, 1954. Un español residente, caracterizado como El Coyote (el héroe arquetípico de las novelas de José Mallorquí) mientras promociona los ocho primeros números de la colección de las novelas en Finlandia. A la izquierda, el primer ministro finlandés. El promotor repartía ejemplares del Kalifornian Sanomat ("El mensajero de California", un periódico inventado para la ocasión, editado en suomi). Entre 1953 y 1960 se vendieron dos millones de ejemplares. La población de Finlandia a mediados del siglo pasado no llegaba a los dos millones de personas, de modo que imagínense.

José Mallorquí escribió cerca de 200 novelas protagonizadas por El Coyote, aparte de innumerables obras de ciencia ficción en la modalidad Ópera Espacial, o sea, al estilo La Guerra de las Galaxias, y también románticas, del Oeste y otras. Ambientaba los escenarios valiéndose de folletos turísticos y noticias aparecidas en la prensa, tal como lo hacía Julio Verne. La imaginación consiste ene so.

Mallorquí utilizó a lo largo de su vida 49 pseudónimos y fue guionista de innumerables programas de radio. Algunas de sus novelas fueron llevadas al cine. Eran los años de los teléfonos de baquelita y las máquinas de escribir de gran tonelaje, cuando los hombres leían pulp fiction en el metro, camino de la fábrica, y al bajarse del vagón, doblaban el libro por la mitad y lo encasquetaban en el bolsillo trasero del pantalón. A la vuelta, más.

El éxito de Mallorquí, tal como lo veo, se debía en primer lugar, a que adoraba su trabajo y la gente adoraba el trabajo de Mallorquí y Europa estaba harta de guerras y Mallorquí no tenía la menor intención de ganar el Nobel y cuando los críticos lo ponían a caldo, básicamente, porque se entendía perfectamente lo que escribía (eso es algo que, por regla general, los críticos no soportan), le importaba un pimiento, y en segundo lugar, porque lo que escribía iba cargado de sentimientos de valentía, miedo y misterio en escenarios de fantasía donde al final todo el mundo se llevaba su merecido, fuese éste premio o castigo.

La muestra Antifaz está actualmente en el Matadero de Madrid. Es austera, inteligente y ejemplar. Recomendada con todas las letras.

jueves, 2 de junio de 2016

Dejemos de una vez de fingir que somos adultos.


Randy Pausch, profesor de ingeniería informática en la universidad Carnegie Mellon. Él sabía que dos meses más tarde moriría. Pero la charla no trata de la muerte, sino de la vida, y en concreto, de los sueños que tú y yo concebimos en nuestras infancias y que nos toca convertir en realidad.

Éste es el único y sagrado éxito que nos corresponde alcanzar.

En esta Última Lección de Pausch, la valiente desnudez de auténtico hombre (en el único sentido profundo y veraz de la expresión) vi confirmado el sentido real de la vida: el que cada uno de nosotros ya le atribuíamos mientras crecíamos en medio de los simulacros del éxito de los supuestos adultos, sea lo que fuere lo que la palabra éxito pretenda significar.

Dejemos de una vez de fingir que somos adultos.