sábado, 12 de octubre de 2013

Análisis de comunicación interpersonal pública de S.M. la Reina Doña Sofía

NOTA: este extenso post consta de dos partes: en la primera se analiza un episodio que tuvo lugar en un acto público en La Caixa y en el que intervinieron SS.MM. los Reyes y que lleva por título EL INTERCAMBIO GESTUAL ENTRE SS.MM. LOS REYES. La segunda parte se titula SU SERENA MAJESTAD y se centra en gran medida en la interacción que S.M. la Reina mantuvo con los jugadores de la Selección Español de Fútbol en los vestuarios del estadio entre calcetines y calzones tirados por el suelo. Ambas partes conforman una razonable crónica acerca de la gran capacidad de comunicación de Doña Sofía.
 
1ª Parte: EL INTERCAMBIO GESTUAL ENTRE SS.MM. LOS REYES.
Doña Sofía actúa con pleno control de sí misma a tenor del escenario en el que se encuentre, pero en ciertas ocasiones, el escenario se presenta algo confuso. El año pasado, en un acto de entrega de becas en La Caixa, en Barcelona, el programa había previsto que don Juan Carlos dirigiese unas palabras al público, y que a continuación, se diese paso a un concierto. El monarca se extendió ligeramente en su intervención, y a pesar de que el discurso era coherente (se dolía del alto nivel del paro juvenil), la Reina le hizo saber que los músicos estaban esperando para intervenir en la parte que les correspondía. En esa ocasión se pudo  observar el intercambio de tres interesantes señales, dos de ellas entre la pareja real y una tercera entre la Reina y el público
1.    Dado el carácter desenfadado del Rey, y como no podía ser de otro modo, el monarca muestra su desacuerdo con la interrupción, y lo hace sin el menor disimulo (textualmente proclama: “¡Ya lo sé, pero déjame terminar”!). Sin embargo el tono de su voz es delicadísimo en comparación a lo que nos tiene acostumbrados, con lo que la Reina se echa a reír.
2.    Para llevar a cabo la interrupción, doña Sofía había tocado el antebrazo del Rey, lo hizo presionándolo con la mano rígida, extendida y palma abajo, gesto inequívoco de las tertulias de televisión cuando el presentador necesita interrumpir a un invitado, pero dejando claro que el escenario no es de confrontación, por ejemplo, cuando en ese preciso momento se debe dar paso a la publicidad. La palma de la mano hacia abajo es un gesto que comparten todas las culturas del planeta y significa “deja de hablar”, mientras que el dedo índice sobre los labios, apuntando hacia arriba quiere decir “¡silencio!” y resulta más indelicado si se dirige a una persona adulta. Evidentemente, doña Sofía eligió el primero de estos dos recursos,.
3.    Inmediatamente, la Reina sigue riéndose, pero se dirige al público, en plena connivencia con éste (es una técnica de intercomunicación personal conocida como reframing). Al hacerlo emite un mensaje subyacente al texto: “¿A que mi marido es la mar de simpático?”. Hemos analizado fotograma a fotograma el momento en el que Reina se gira en dirección al público y hemos comprobado una total coherencia entre la expresión de sus labios y la de las cejas; en otras palabras, no hay rastro del menor fingimiento estratégico ni protocolario y es por lo tanto absolutamente sincera en su actitud.
2ª Parte: SU SERENA MAJESTAD
Los seres humanos utilizamos dos recursos básicos para comunicarnos entre nosotros y también con otras especies. Esas dos herramientas son, por una parte, la capacidad para identificar escenarios y, por la otra, el talento para intercambiar mensajes con el máximo de  precisión. En cuanto a los escenarios, sólo hay tres disponibles: colaboración, confrontación e indiferencia;  en lo que se refiere a los mensajes, estos pueden ser informativos, persuasivos  o protocolarios. Toda la carga teórica de la comunicación interpersonal puede reducirse a ese par de habilidades: las personas   que disponen de la pericia necesaria para reconocer un escenario en concreto (tarea crucial cuando el interlocutor trata de ocultar sus verdaderas intenciones) al tiempo que construyen el mensaje adecuado para ese lugar y momento, no sólo son buenos comunicadores, sino que cuentan con un considerable nivel de inteligencia emocional. Su Majestad la Reina posee una cualificación extraordinaria en lo que se refiere a ambas pericias.
En 2012 la vimos en los vestuarios de la Selección caminando con toda soltura entre calcetines, calzones y camisetas empapadas en sudor que habían sido arrojadas al suelo a la masculina, mientras que los mozos del equipo, a cada paso que daba la Reina, iban tras ella pateando las prendas desesperadamente con la intención de disimular el desorden y dejadez tan propios de la condición apolínea. Pero doña Sofía, del todo consciente acerca de la maniobra de los desordenados héroes, ella, como si tal cosa. A eso se le llama grandeza… pero también serenidad.
La expresión Su Serena Alteza/Majestad, es de origen alemán y hoy en día sólo se conserva oficialmente en Liechtenstein y en el Principado de Mónaco. En 1911, la Enciclopedia Británica se propuso cambiar el término por “Su Transparencia”, iniciativa que no tuvo demasiado éxito… a pesar de que ése es precisamente uno de los dos verdaderos sentidos del término. El significado de “serenidad”, que tal como aquí se comenta, es una virtud que adorna maravillosamente a S.M. doña Sofía, denota lo que en castellano antiguo se denominaba “dominio de sí” (Lope de Vega, Juan Ruíz de Alarcón) y que hoy en día, los libros de autoayuda llaman “autodominio”, pero que viene a ser lo mismo, aunque en lenguaje coach.
Cuando tuvo lugar la aberrante matanza de la estación de Atocha, en Madrid, la Reina se presentó en el hospital Gregorio Marañón (el más próximo al lugar del desastre) y a continuación, al Doce de Octubre, en el que, mientras hablaba con una mujer que esperaba noticias de su nuera, la Reina no pudo impedir las lágrimas. La mujer dijo: “La Reina llora de verdad”. Evidentemente, la Enciclopedia Británica tenía razón: No debe decirse “Su Serena Majestad”, sino “Su Transparencia”. ¿Estamos?
Asombra que la ciudadanía desconozca la comprometida colaboración que la Reina mantiene con la Banca Grameen de Bangla Desh y su decidido compromiso de feminismo militante en lo que concierne al impulso económico de al gestión de microcréditos gestionados por mujeres en los países en vías de desarrollo. Si bien es cierto que cada persona merece la notoriedad y respeto que el  curso de su vida ha puesto de manifiesto, la Reina ha ganado ambos, porque ha vivido: refugiada política tras la ocupación de Grecia por los nazis, auténtica inmigrante en Egipto durante años y bajo condiciones precarias, se ha ganado el sincero respeto de monárquicos y republicanos en un país tan dado al blanco o al negro.

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